La infraestructura en el platanal es una ciencia de la ilusión óptica donde los puentes colapsan antes de inaugurarse y las vías se pavimentan solo en el papel. El sistema está perfectamente aceitado para que las licitaciones públicas exijan requisitos tan absurdos que solo un contratista predeterminado pueda cumplirlos. No es incompetencia estatal, es un diseño milimétrico pensado para el saqueo sistemático de las regalías regionales.
Pliegos sastres hechos a la medida
El truco empieza en la redacción de los pliegos de condiciones, donde se solicitan certificaciones ridículas que casualmente solo posee la firma del amigo del gobernador. Desde exigir maquinaria hiperespecífica que no se necesita hasta pedir un capital de trabajo exacto al centavo, el objetivo es ahuyentar la competencia real. Al final, la licitación de único oferente se adjudica bajo el aplauso cínico de la mesa de contratación.
El elefante blanco de turno
Una vez entregado el anticipo, la obra entra en un limbo eterno de prórrogas, adiciones presupuestales y comités técnicos que solo sirven para dilatar el tiempo. El resultado final es siempre el mismo: un esqueleto de concreto gris abandonado en medio de la nada que costó tres veces su valor real. Nuestra única defensa como ciudadanos es la veeduría implacable y el señalamiento público antes de que los responsables tomen el primer vuelo a Miami.
